24 de septiembre de 2018

Mi buzón en los últimos meses

El correo que he recibido últimamente ha sido poco, pero cada una de las cartas me ha hecho tan feliz como siempre. Casualmente, las dos llegaron desde la provincia de Barcelona.

La primera de ellas de parte de Yeray, una compañera de la universidad con la que he retomado el contacto. Me encantó volver a saber de ella, ¡y me encantó aún más que me diera la receta de la masa de pizza que hacen en su casa! Tengo que probarla sí o sí.


La última carta que he recibido me la envió la mismísima Claudia. No veáis el flipe de tener algo hecho por ella en mis manos. Tan, tan, tan bonita que no os hacéis una idea.


¿Y vosotros qué habéis recogido del buzón últimamente? ¿Alguna carta que os haya hecho felices?

20 de septiembre de 2018

Mascarilla de aguacate para el pelo


Hace cosa de un año os hablé de cómo me estaba cuidando el pelo por aquel entonces. La verdad es que sigo una rutina parecida actualmente, salvo porque llevo tiempo sin tomar levadura de cerveza y lo noto un montón: tengo el pelo pochísimo, no me crece y así es imposible sanearlo. ¡Tengo que volver a tomarla! Lo que sí sigo haciendo habitualmente es la mascarilla de aguacate de la que tanto hablo y con la que me casaría sin dudarlo si casarse con una mascarilla fuese una cosa legal.


La situación actual de mi pelo es bastante terrible, mucho peor de lo que parece en la imagen de arriba. Lo tengo muy seco, pero con tendencia grasa... Soy un chiste con patas. Lo de la sequedad me sucede cada verano, aunque no sé por qué (no me baño en playas ni piscinas, y apenas tomo el sol). La grasa puede que me la provoque esta mascarilla de Elvive que llevo utilizando unas semanas: me ayuda mucho a nutrir el pelo —os la recomiendo si necesitáis un aporte de nutrición importante—, pero a cambio me lo engrasa. Y lo peor es que ni siquiera me atrevo a pegarle un buen corte a mi pelo para sanearlo, porque no me crece y no me quiero quedar con el pelo a lo garçon para toda la vida.

Me hago esta mascarilla natural un par de veces al mes y puedo decir que estoy enganchada. Los ingredientes son solo estos tres: un aguacate maduro, un huevo y un chorrito de aceite de oliva. Nada que no podáis encontrar en cualquier supermercado o ultramarinos de barrio. Esta vez usé un aguacate fresco, porque era el que tenía en casa, pero lo ideal es que esté un poco pasado.


Troceamos el aguacate y lo volcamos en el vaso de la batidora, junto con el huevo y el aceite. Batimos durante unos segundos y ya lo tenemos. El color variará desde un amarillo claro hasta un verde caqui, en función del punto de madurez del aguacate. Si no tenéis batidora, lo podéis hacer machacándolo todo con un tenedor; el mejunje funciona igual, pero no resulta tan cómodo a la hora de aplicarlo.


Lo aplicamos en el pelo, primero en las raíces y luego en el resto, trabajando por secciones como si nos lo estuviéramos tiñendo. Nos hacemos un moñete en lo alto de la cabeza y la envolvemos con film transparente, cubriendo bien todo el pelo para mantener la mascarilla fresca (si se seca, es difícil de quitar). No me gusta usar film porque es plástico super innecesario que luego acaba tirado por ahí, pero lo cierto es que todavía no he encontrado una alternativa que no absorba la mascarilla, que me dé calorcito en la cabeza y que me sujete bien el pelo para no pringarlo todo mientras espero a que haga efecto. ¡Si se os ocurre algo, porfa, decídmelo en comentarios!


Cuando ya tenemos nuestra mascarilla aplicada y bien sujeta, podemos dedicarnos a otras cosas durante al menos una hora (yo he llegado a estar dos o tres horas con el mejunje en la cabeza). A la hora de retirarla, os recomiendo primero enjuagaros el pelo para quitar lo más gordo (veréis que el agua sale verde/marrón) y después lavároslo como normalmente: en mi caso, dos de champú y una de mascarilla.

El resultado es un pelo nutrido, brillante, suave... con el que podéis hacer lo que queráis. Si os lo alisáis os quedará mejor que en la peluquería; no es una manera de hablar, en serio, probadlo. Si os lo dejáis secar al aire, se verá precioso. Y si os vais para cama con el pelo mojado porque ya no podéis más con la vida, os quedará como veis en la siguiente imagen. ¡Ni tan mal, eh!


Esta mascarilla es nutrición pura. No sé en qué momento de lucidez se me ocurrió mezclar esos tres ingredientes y echármelos en la cabeza, pero amo absolutamente a la Tania del pasado. No hay una sola persona que la haya probado y que no me haya escrito luego para decirme lo mucho que lo ha flipado.

Si os preocupa el tema grasa, sabed que a mí no me ensucia la raíz en absoluto, por eso la aplico en todo el cabello, pero podéis probar sólo de medios a puntas y seguro que también os queda estupendo.

Para ver el paso a paso en versión vídeo —y partiros el ojete viendo cómo me envuelvo la cabeza con film transparente— podéis ir a mi Instagram y buscar la historia destacada en la que lo explico todo y enseño el resultado (versión pelo planchado).

¿Qué me decís? ¿Os animáis? ¿Me recomendáis alguna otra mascarilla maravillosa, tanto para el cabello como para la cara?

17 de septiembre de 2018

DIY | Cómo alargar las asas de un peto


Hace unos meses compré un peto flojo en color militar, estilo ya no me importa nada en la vida, para ir bien cómoda y fresca en verano. Lo malo es que, a pesar de que pedí una talla grande, me iba muy justo de tiro. Muy. Justo. Ya sabéis.


Tenía pendiente alargar las asas, pero era uno de estos pequeños proyectos que, precisamente por ser tan pequeños, vas dejando sin darte cuenta porque total, eso lo hago en 10 minutos. Por fin, hace unos días me puse con ello y en un ratín tenía mi peto listo para disfrutar —ahora sí— cómodamente.

Sólo necesité una tira de tela de unos 7 centímetros de ancho por 110 centímetros de largo. Las medidas variarán en función del ancho que les queráis dar a las asas y del largo que necesitéis ampliar. Si hubiera querido anudar las asas con una lazada, tendría que haber utilizado una tira bastante más larga, quizás cercana a los 2 metros.

Lo primero que hice fue cortar las asas en el punto central; esto es, si lo colgaba en una percha, ese punto en el que las asas se apoyaban en ella. Una vez cortadas, las descosí un poco con la intención de abrirlas para más tarde introducir en ellas las ampliaciones.


Después preparé la tira de tela. Como veis, es un lino en tono tostado/rosado con lunares blancos. Plegué los extremos hacia dentro, doblé la tira a la mitad y cosí cerca del borde. Después la corté en cuatro partes iguales.


En cada una de esas cuatro tiras, rematé un extremo: descosí un poco, doblé hacia dentro y cosí.


Ahora ya sólo faltaba unir las tiras a las asas. Introduje el extremo sin rematar de la tira dentro del asa cortada, haciendo un pequeño dobladillo en ésta, y cosí. No tenía hilo del color del peto y la verdad es que me dio un poco igual. Ya sabéis que voy muy a tope con la belleza de la imperfección.


¡Y ya esta! Este es uno de esos trucos fáciles pero resultones, que además se pueden aplicar a mil prendas de ropa más.


¿Alguna vez habéis tenido que alargar las asas de un peto o un vestido? ¿Qué tela le habríais puesto vosotros a este peto en color militar?
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