24 de julio de 2017

Te estoy amando locamenti | 1

No sabía de qué hablaros hoy, pero tampoco quería romper este ritmo regular de publicaciones que he conseguido alcanzar en las últimas semanas, así que finalmente pensé que sería guay compartir con vosotros las cosas que me tienen loqui loquer últimamente. Me gustaría convertirlo en una sección sin una frecuencia establecida; sólo publicar estos posts cuando realmente piense "Caray, qué de cosas geniales he hecho y disfrutado durante las últimas semanas", pero también quiero conocer vuestra opinión: ¿os mola la idea?

Bueno, no me enrollo más, que parezco nueva. ¡Estas son las cosas que me tienen encantada ahora mismo!


Hace unos meses, me fijé en que una de mis compañeras de trabajo —que había empezado hacía poco tiempo— llevaba las uñas impecables. Yo, que no me corto un pelo, le pregunté cuál era el secreto. Me contó que era manicura semipermanente y que se la hacían en uno de esos stands que hay en los centros comerciales. Me quedé con la copla y decidí probarlo justo antes de irme a Praga, para así tener las uñas monas durante todas las vacaciones. ¡Menudo invento, gente, la pera limonera! Me han dicho que depende del tipo de uña de cada persona, pero a mí el color me aguanta intacto al menos durante un mes (no sé si más, porque eso es lo máximo que lo he llevado puesto). El problema, claro está, es que las uñas crecen y se ve el comienzo sin pintar. Pero aun así a mí me parece que merece muchísimo la pena. ¿Lo habéis probado?


Llevo toda la vida rompiendo medias en cuanto las estreno, así que hace tiempo que opté por comprar las más baratas que encuentro, para que la pérdida duela menos. Desde que vivo en Coruña las compro en Primark, que son más malas que el hambre, pero al menos no cuestan un riñón. Una de las últimas veces que fui se habían agotado las negras basicorras que compro siempre y decidí lanzarme con las medias de rejilla. Me voy a repetir, pero es que es otro inventazo, señores. Estilizan igualmente (no dejan de ser unas medias negras), son fresquitas y disimulan la alfombra persa que suelo llevar en las piernas. ¿Sabéis cuando no tenéis tiempo para depilaros, pero os apetece poner falda o vestido? En serio, medias de rejilla.


Soy una glotona sin medida, sobre todo cuando se trata de dulces. Si alguien me propone ir a tomar algo rico, me cuesta mucho decir que no. Disfruto un montón de las meriendas en Magnolias Bakery, un local encantador que ha abierto hace poco en Coruña. Está todo delicioso, pero mis favoritísimos son la copa de yogur con frutas y las tortitas con sirope de arce. Lo de la foto es tarta de manzana con helado de vainilla, ¡riquísimo!


Otra de las cosas que me tienen entusiasmada últimamente son mis visitas a la biblio, y es que hace poco que me he hecho socia. Hacía un montón de años que no cogía libros prestados de una biblioteca (sin contar los de la universidad, claro) y me parece algo super guay. Además de permitirme tener acceso a mogollón de novelas que quiero leer, me recuerda a cuando era voluntaria en la biblioteca de mi cole de Primaria, durante los recreos.


Una cosa que me pasa es que descubro las cosas varios años tarde, y con la cosmética no iba a ser diferente. A la hora de maquillarme, siempre he odiado las bases, por diferentes motivos: con el pote tengo la sensación de llevar una máscara puesta, las bases fluidas me dejan la piel brillosa y con los polvos se me descama la piel de pura sequedad. Amén de que me resulta imposible encontrar un tono que no me haga parecer Celia Cruz de cuello para arriba. Pues hace unos meses probé la BB Cream de Garnier, algo que todas hicisteis hace años, y estoy encantada. Es comodísima de extender, cubre lo suficiente (tampoco es que yo tenga mucho que cubrir) y me da el toque justito de color que necesito.

¡Vaya rollo os he soltado, pero es que estoy muy charlatana últimamente! Por cierto, algunas de las fotos las he sacado de mi cuenta de Instagram; si os gustan, podéis seguirme por allí también.

17 de julio de 2017

5 consejos para aficionarse a la lectura


Recuerdo que, cuando aprendí a leer, sentía que era una niña con superpoderes: era capaz de saber qué decía cualquier texto que cayera en mis manos, era capaz de entenderlo todo, ¡nadie podía pararme! O eso creía yo, porque una cosa es saber leer y otra cosa es tener comprensión lectora, pero el caso es que a mí me flipaba la cantidad de información que tenía a mi alcance sólo por saber unir unas letras con otras y darles sonidos.

Así empezó lo mío con la lectura. Leía sobre todo por las noches, en cama, hasta quedarme dormida con el libro en las manos. La cosa siguió así hasta que, en los últimos años de instituto, los teléfonos móviles, las redes sociales y demás inventillos modernos fueron comiéndose mi tiempo libre. Empecé a leer cada vez menos, y esto me provocaba una sensación ubicada en algún lugar entre la pena y la vergüenza.

A día de hoy creo que puedo decir que he retomado mi afición por la lectura. Desde abril he leído unos diez libros y no tengo pensado bajar el ritmo en lo que queda de año. Si queréis saber cómo lo he conseguido, a continuación os cuento qué cosas me han ayudado a devorar novelas como en los viejos tiempos.

1. Dar con el formato adecuado

Leer es una actividad que debe resultar placentera, así que esto que de primeras puede parecer una tontería es en realidad un punto importante. En mi caso, yo adoro los libros de bolsillo: pequeños, ligeros y doblables (me vais a odiar por esto, lo sé). Hay quienes prefieren los libros electrónicos o incluso el ordenador. El caso es que el formato no se convierta en un obstáculo que nos impida perdernos en la historia que estamos leyendo, que al fin y al cabo es lo importante.

2. Tener siempre un libro a mano

Esta ha sido la clave para mí. Desde hace unos meses, cargo siempre un libro en la mochila. A veces me siento idiota, llevándome una novela al súper o cuando quedo con amigos, pero más de una vez lo he agradecido para matar ratos muertos con los que no contaba de antemano. Además de llevarlo encima, también está bien tener un libro en la mesilla de noche o junto al sofá o en la mesa de trabajo para la pausa del café. La idea es que el esfuerzo sea mínimo, que cuando nos entre el gusanillo —a menudo, pasajero— de leer un poco, baste con estirar el brazo.

3. Aprovechar ratos muertos

Si tenemos siempre un libro a mano, podremos aprovechar para leer unas cuantas páginas durante esos ratos muertos en los que poco más podemos hacer. En mi caso, todas las mañanas leo en el bus que me lleva al trabajo. Si veis la tele, podéis leer durante la publicidad. Si estáis cocinando un estofado, por ejemplo, podéis leer mientras vigiláis el horno de vez en cuando. Y como estos hay mil ejemplos más. Y, aunque no lo parezca, se avanza un montón leyendo a ratitos.

4. Tener una pila —o una lista— de libros por leer

Una de las cosas que más me molan de leer es tener siempre varios títulos en mente para atacar próximamente. Tengo una lista eterna con cientos de títulos que me gustaría leer algún día y una montañita mucho más sensata de libros que he cogido en la biblioteca y que debo devolver en el plazo de un mes. Verlos ahí, llamándome a gritos, me hace querer terminar el libro con el que estoy ahora para descubrir qué me deparan esas páginas por ahora desconocidas.

5. Leer un libro detrás de otro

Quizás sea porque me da miedo perder este buen ritmo que he cogido últimamente, pero por si las moscas no estoy descansando entre libro y libro. En cuanto termino uno, me pongo con el siguiente, ese mismo día. Y la verdad es que no siento que necesite un descanso, sino que cada vez quiero más.

¡Y esto es todo, así de sencillo!

¿A vosotros también os ha pasado que en algún momento perdisteis la afición a la lectura? ¿Conseguisteis retomarla? Si fue así, ¿cómo?

10 de julio de 2017

Un día en mi vida | 08/07/17


El pasado septiembre publiqué un post en el que os contaba cómo era un día en mi vida. A pesar de que tengo una vida de lo más corriente, os gustó bastante, así que he querido repetir. Además, últimamente madrugo sin necesidad de despertador y aun así me acuesto más bien tarde, de modo que me ha salido un post cargadito de fotos. ¡Espero que os guste pasar este día conmigo!

08:00

Aquí llevaba un rato despierta, y de hecho ya había subido las persianas y abatido las ventanas, pero todavía no estaba yo como para levantarme, ¡que los sábados son para descansar! Ya lo siento por mi jeto au naturel, mi pelo fregonero y mi camiseta del Decathlon, pero lo que mola de estos posts es la espontaneidad del momento en que suena la alarma del móvil avisando de que toca foto, ¿no?


09:00

Una hora más tarde estaba preparándome un buen desayuno; entre otras cosas: fresas y frambuesas con azúcar. Me encanta dejarlas un rato así, sobre un plato hondo o un bol, para que el azúcar se convierta en ese juguillo tan maravilloso que sabe a gloria.


10:00

Los fines de semana aprovecho para leer los posts que mis blogs favoritos han publicado durante la semana. Intento hacerlo con calma, para poder comentarlos en condiciones, pero confieso que muchas veces paso tan fugazmente que no dejo ni un triste saludo.


11:00

La siguiente alarma sonó justo cuando me acababa de meter en la ducha.


12:00

No estoy loca —bueno, vale, sí—, sólo me estaba secando el pelo, y siempre al final me pongo boca abajo para asegurarme de que no se me queda la nuca húmeda.


13:00

Como todavía faltaba un rato para la hora de comer, aproveché para plancharme el pelo. Es algo que me da mucha pereza, pero lo cierto es que, una vez que me pongo, me relaja un montón. Suelo ponerme frente al espejo del baño, así que aprovecho para colocar el teléfono móvil sobre la repisa del espejo y ver algún vídeo en YouTube mientras tanto.


14:00

Para comer, un par de sándwiches con huevo, tomate, aguacate, queso, pimienta y tomillo. Y un poquito de salsa barbacoa, también.


15:00

Entre la foto anterior y esta otra estuve recogiendo la colada. Resulta que no fue buena idea meter en la lavadora este cojín que, además de desteñir un poco, se llenó de bolitas. Hice lo que pude con el quitapelusas, pero se sigue notando el estropicio.


16:00

Momento té en mi taza de Peppa Pig. Hace tiempo que no experimento con las infusiones, ya sólo me limito a mi básico: uno de té negro solo + uno de té negro con frutas del bosque. Y bien de azúcar.


17:00

Me lo llegan a decir hace unos meses y no me lo habría creído, pero el caso es que ahora me maquillo. Sólo los fines de semana, y no siempre, pero ya es una diferencia enorme. Aquí estaba echándome rímel en el ojo bizco.


18:00

Hace unas semanas me hice socia de las bibliotecas de Coruña. El sábado quería ir a conocer una de ellas, que todavía no había visitado, así que allá que me fui, más contenta que unas castañuelas, sin imaginar lo que me deparaba la tarde. Estaba esperando el bus cuando tocó foto.


19:00

Resultó que en verano no abre los sábados por la tarde —nota mental: no fiarse de los horarios de Google—, así que aproveché y me di un paseo por la zona. Aunque vivo cerca, no suelo dejarme caer por allí, y de camino a casa pude deleitarme con vistas como la de la foto. No es normal lo bonita que es esta ciudad, de verdad os lo digo.


20:00

Ya de vuelta en casa, me tiré un rato en cama a leer. Por cierto, ya os hablaré de mi reencuentro con los libros.


21:00

Aquí estaba lista para salir de casa, porque tocaba noche de cena y juegos en casa de mi hermana y mi cuñado. Y ese es un plan al que no se puede decir que no.


22:00

Y resultó que no era una cena normal, sino que tenían preparada tarta y regalos, porque hoy estoy de cumple. Ahora soy una señora de 27 años con dos juegos de mesa nuevos, ¡sí!


23:00

Con las manos en la masa, admirando los colores de las cartas del Fuji Flush. No conocía el juego, pero mola un montón. Si os gustan los juegos sencillos de partidas rápidas, os lo recomiendo mucho.


00:00

Siendo elegante en casas ajenas. La confianza, amigos, ya se sabe.


01:00

Y aquí ya estaba en casa, con la cara lavada, el pijama puesto y un libro entre manos.


¡La verdad es que fue un día de la hostia, las cosas como son!

¿Os ha gustado? ¿Qué hicisteis vosotros el sábado?
Blogging tips