17 de julio de 2017

5 consejos para aficionarse a la lectura


Recuerdo que, cuando aprendí a leer, sentía que era una niña con superpoderes: era capaz de saber qué decía cualquier texto que cayera en mis manos, era capaz de entenderlo todo, ¡nadie podía pararme! O eso creía yo, porque una cosa es saber leer y otra cosa es tener comprensión lectora, pero el caso es que a mí me flipaba la cantidad de información que tenía a mi alcance sólo por saber unir unas letras con otras y darles sonidos.

Así empezó lo mío con la lectura. Leía sobre todo por las noches, en cama, hasta quedarme dormida con el libro en las manos. La cosa siguió así hasta que, en los últimos años de instituto, los teléfonos móviles, las redes sociales y demás inventillos modernos fueron comiéndose mi tiempo libre. Empecé a leer cada vez menos, y esto me provocaba una sensación ubicada en algún lugar entre la pena y la vergüenza.

A día de hoy creo que puedo decir que he retomado mi afición por la lectura. Desde abril he leído unos diez libros y no tengo pensado bajar el ritmo en lo que queda de año. Si queréis saber cómo lo he conseguido, a continuación os cuento qué cosas me han ayudado a devorar novelas como en los viejos tiempos.

1. Dar con el formato adecuado

Leer es una actividad que debe resultar placentera, así que esto que de primeras puede parecer una tontería es en realidad un punto importante. En mi caso, yo adoro los libros de bolsillo: pequeños, ligeros y doblables (me vais a odiar por esto, lo sé). Hay quienes prefieren los libros electrónicos o incluso el ordenador. El caso es que el formato no se convierta en un obstáculo que nos impida perdernos en la historia que estamos leyendo, que al fin y al cabo es lo importante.

2. Tener siempre un libro a mano

Esta ha sido la clave para mí. Desde hace unos meses, cargo siempre un libro en la mochila. A veces me siento idiota, llevándome una novela al súper o cuando quedo con amigos, pero más de una vez lo he agradecido para matar ratos muertos con los que no contaba de antemano. Además de llevarlo encima, también está bien tener un libro en la mesilla de noche o junto al sofá o en la mesa de trabajo para la pausa del café. La idea es que el esfuerzo sea mínimo, que cuando nos entre el gusanillo —a menudo, pasajero— de leer un poco, baste con estirar el brazo.

3. Aprovechar ratos muertos

Si tenemos siempre un libro a mano, podremos aprovechar para leer unas cuantas páginas durante esos ratos muertos en los que poco más podemos hacer. En mi caso, todas las mañanas leo en el bus que me lleva al trabajo. Si veis la tele, podéis leer durante la publicidad. Si estáis cocinando un estofado, por ejemplo, podéis leer mientras vigiláis el horno de vez en cuando. Y como estos hay mil ejemplos más. Y, aunque no lo parezca, se avanza un montón leyendo a ratitos.

4. Tener una pila —o una lista— de libros por leer

Una de las cosas que más me molan de leer es tener siempre varios títulos en mente para atacar próximamente. Tengo una lista eterna con cientos de títulos que me gustaría leer algún día y una montañita mucho más sensata de libros que he cogido en la biblioteca y que debo devolver en el plazo de un mes. Verlos ahí, llamándome a gritos, me hace querer terminar el libro con el que estoy ahora para descubrir qué me deparan esas páginas por ahora desconocidas.

5. Leer un libro detrás de otro

Quizás sea porque me da miedo perder este buen ritmo que he cogido últimamente, pero por si las moscas no estoy descansando entre libro y libro. En cuanto termino uno, me pongo con el siguiente, ese mismo día. Y la verdad es que no siento que necesite un descanso, sino que cada vez quiero más.

¡Y esto es todo, así de sencillo!

¿A vosotros también os ha pasado que en algún momento perdisteis la afición a la lectura? ¿Conseguisteis retomarla? Si fue así, ¿cómo?

10 de julio de 2017

Un día en mi vida | 08/07/17


El pasado septiembre publiqué un post en el que os contaba cómo era un día en mi vida. A pesar de que tengo una vida de lo más corriente, os gustó bastante, así que he querido repetir. Además, últimamente madrugo sin necesidad de despertador y aun así me acuesto más bien tarde, de modo que me ha salido un post cargadito de fotos. ¡Espero que os guste pasar este día conmigo!

08:00

Aquí llevaba un rato despierta, y de hecho ya había subido las persianas y abatido las ventanas, pero todavía no estaba yo como para levantarme, ¡que los sábados son para descansar! Ya lo siento por mi jeto au naturel, mi pelo fregonero y mi camiseta del Decathlon, pero lo que mola de estos posts es la espontaneidad del momento en que suena la alarma del móvil avisando de que toca foto, ¿no?


09:00

Una hora más tarde estaba preparándome un buen desayuno; entre otras cosas: fresas y frambuesas con azúcar. Me encanta dejarlas un rato así, sobre un plato hondo o un bol, para que el azúcar se convierta en ese juguillo tan maravilloso que sabe a gloria.


10:00

Los fines de semana aprovecho para leer los posts que mis blogs favoritos han publicado durante la semana. Intento hacerlo con calma, para poder comentarlos en condiciones, pero confieso que muchas veces paso tan fugazmente que no dejo ni un triste saludo.


11:00

La siguiente alarma sonó justo cuando me acababa de meter en la ducha.


12:00

No estoy loca —bueno, vale, sí—, sólo me estaba secando el pelo, y siempre al final me pongo boca abajo para asegurarme de que no se me queda la nuca húmeda.


13:00

Como todavía faltaba un rato para la hora de comer, aproveché para plancharme el pelo. Es algo que me da mucha pereza, pero lo cierto es que, una vez que me pongo, me relaja un montón. Suelo ponerme frente al espejo del baño, así que aprovecho para colocar el teléfono móvil sobre la repisa del espejo y ver algún vídeo en YouTube mientras tanto.


14:00

Para comer, un par de sándwiches con huevo, tomate, aguacate, queso, pimienta y tomillo. Y un poquito de salsa barbacoa, también.


15:00

Entre la foto anterior y esta otra estuve recogiendo la colada. Resulta que no fue buena idea meter en la lavadora este cojín que, además de desteñir un poco, se llenó de bolitas. Hice lo que pude con el quitapelusas, pero se sigue notando el estropicio.


16:00

Momento té en mi taza de Peppa Pig. Hace tiempo que no experimento con las infusiones, ya sólo me limito a mi básico: uno de té negro solo + uno de té negro con frutas del bosque. Y bien de azúcar.


17:00

Me lo llegan a decir hace unos meses y no me lo habría creído, pero el caso es que ahora me maquillo. Sólo los fines de semana, y no siempre, pero ya es una diferencia enorme. Aquí estaba echándome rímel en el ojo bizco.


18:00

Hace unas semanas me hice socia de las bibliotecas de Coruña. El sábado quería ir a conocer una de ellas, que todavía no había visitado, así que allá que me fui, más contenta que unas castañuelas, sin imaginar lo que me deparaba la tarde. Estaba esperando el bus cuando tocó foto.


19:00

Resultó que en verano no abre los sábados por la tarde —nota mental: no fiarse de los horarios de Google—, así que aproveché y me di un paseo por la zona. Aunque vivo cerca, no suelo dejarme caer por allí, y de camino a casa pude deleitarme con vistas como la de la foto. No es normal lo bonita que es esta ciudad, de verdad os lo digo.


20:00

Ya de vuelta en casa, me tiré un rato en cama a leer. Por cierto, ya os hablaré de mi reencuentro con los libros.


21:00

Aquí estaba lista para salir de casa, porque tocaba noche de cena y juegos en casa de mi hermana y mi cuñado. Y ese es un plan al que no se puede decir que no.


22:00

Y resultó que no era una cena normal, sino que tenían preparada tarta y regalos, porque hoy estoy de cumple. Ahora soy una señora de 27 años con dos juegos de mesa nuevos, ¡sí!


23:00

Con las manos en la masa, admirando los colores de las cartas del Fuji Flush. No conocía el juego, pero mola un montón. Si os gustan los juegos sencillos de partidas rápidas, os lo recomiendo mucho.


00:00

Siendo elegante en casas ajenas. La confianza, amigos, ya se sabe.


01:00

Y aquí ya estaba en casa, con la cara lavada, el pijama puesto y un libro entre manos.


¡La verdad es que fue un día de la hostia, las cosas como son!

¿Os ha gustado? ¿Qué hicisteis vosotros el sábado?

3 de julio de 2017

TAG | 9 disciplinas que me encantaría aprender

Los años van pasando por mí —ya casi 27, ¿os lo podéis creer?—, pero hay algo que todavía no ha cambiado: sigo teniendo las mismas ganas que he tenido siempre de aprender cosas nuevas. Intentar hacer algo por primera vez, buscar información al respecto, conseguir los materiales necesarios... es estimulante, divertido, interesante... ¡es genial!

Aunque he aprendido unas cuantas cosas a lo largo de mi vida, sigue habiendo muchas otras que me encantaría aprender. La lista es infinita, pero hoy os hablo de nueve disciplinas que me han interesado desde muy pequeña y que me hacen pensar que ojalá una vida durase mil años para poder aprenderlo todo.

1. Baile

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En el cole fui a clases de gimnasia rítmica, de bailes modernos y de alguna otra cosa del estilo. Lo cierto es que no duré mucho en ninguna de ellas, porque sufría de algo que con los años voy perdiendo: el miedo escénico. Me encantaba memorizar pasos y coreografías, moverme al ritmo de la música, expresar con el cuerpo... pero me aterraba pensar en las actuaciones de final de curso. No entendía la necesidad de exponerme de esa manera, si yo lo único que quería era pasarlo bien por las tardes en el gimnasio del cole. Los años han pasado y sigo queriendo aprender a bailar. Tangos, bachatas, sevillanas, rock & roll, incluso claqué.

2. Armónica

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Tengo un oído nulo para la música, pero si hay un sonido que me remueve por dentro es el de la armónica. Pueden estar sonando cien instrumentos a la vez, que yo sólo la escucho a ella. Me regalaron una Hohner hace unos años, y en su día empecé con ganas, pero llevo mucho tiempo sin tocarla porque me da apuro molestar a los vecinos y, sobre todo, a mis compañeros de piso.

3. Cerámica

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De pequeña trabajaba el barro de vez en cuando, porque era un recurso del que mi madre solía tirar en las tardes de lluvia para tenerme entretenida sin salir de casa. Nunca llegué a hacer nada más allá de algún intento de jarrón que acababa en la basura por dar más pena que otra cosa, pero la actividad en sí era super terapéutica; lo de menos era el resultado. Me encantaría aprender a trabajar la cerámica, a aplicarle esmaltes, a esperar el resultado con paciencia...

4. Arreglos florales

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Me chiflan las flores y es una pena que aquí en España no tengamos la costumbre de regalarlas con cualquier excusa. Encuentro interesante el significado que tiene cada flor y cómo, combinando varios tipos, podemos darle forma a un mensaje con apariencia de ramo. Igual es raro, pero me gustaría mucho aprender a montar arreglos florales.

5. Patronaje

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Sabéis que tengo máquina de coser desde hace años, y poco a poco le he ido perdiendo el miedo y he aprendido a coser proyectos sencillos. Eso sí, todas las cosas que coso las hago a ojo. Las pocas prendas de ropa que he cosido son la cosa más básica de la tierra: apenas coloco cremalleras, ni pinzas, ni siquiera las entallo. Me encantaría aprender a manejar patrones de ropa, porque sería un sueño hecho realidad que casi todas las prendas de mi armario estuviesen diseñadas y cosidas por mí.

6. Ilustración

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De pequeña dibujaba bastante bien. Ahora lo hago mucho peor, aunque parezca imposible, pero me sigue gustando dibujar. Muchas veces, cuando estoy leyendo un libro, pienso que me encantaría saber ilustrar para poder plasmar en papel la imagen que me formo en mi cabeza de cada uno de los personajes. Desde hace un tiempo me llama mucho la acuarela, aunque lo cierto es que siempre se me ha dado fatal.

7. Fotografía

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Soy de esas personas que te sacan una foto y te cortan la cabeza. Lo soy, pero aun así disfruto mucho fotografiando: no paisajes, no personas, únicamente detalles que quizás a otros puedan pasarles desapercibidos pero en los que yo encuentro una belleza digna de ser retratada. Me encantaría aprender técnica, composición y todas esas cosas que hacen que no puedas dejar de ver una foto por lo perfecto que es todo el conjunto.

8. Escritura

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Supongo que en gran medida es porque desde siempre he leído mucho, pero el caso es que tengo cierta facilidad para escribir. No podría crear una novela ni nada especialmente bueno, pero sí creo que se me podrían dar bien los relatos, por ejemplo. No sé exactamente en qué consisten, pero me da que disfrutaría mucho de unas clases de escritura que me guiasen en la materia.

9. Cocina

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Aunque las personas que me conocen no se lo crean, porque efectivamente soy un zote para todo lo que no sea hacer postres, siempre he querido aprender a cocinar de verdad. Lo he intentado con ganas en repetidas ocasiones, pero el avance es mínimo. Aspiro a conocer los tiempos de cocción de cada alimento, a distinguir los diferentes cortes de la ternera, a saber qué especias utilizar según el plato, a crear recetas nuevas para no acabar comiendo siempre lo mismo y, sobre todo, a hacer una tortilla de patata con el huevo suelto.

¡Y esto es sólo una pequeña muestra de todas las cosas que me encantaría aprender a hacer!

¿A vosotros también os pasa esto de querer aprender de todo? Los que seáis un poco más mayores, decidme por favor que estas ganas no se irán nunca, porque aprender cosas nuevas me parece de lo más bonito que hay en la vida.

Contadme, ¿qué disciplinas os gustaría dominar? ¿Hay algo que hayáis querido aprender desde pequeños y finalmente habéis conseguido hacerlo?
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