18 de octubre de 2018

DIY | Funda de cojín


Este verano me mudé a un piso antiguo, muy malamente amueblado y decorado. Aunque he ido poco a poco dándole mi toque —como hice con este mueble de televisión que pinté de rosa—, todavía me queda mucho por hacer.

Uno de los últimos cambios que he hecho es camuflar el sofá naranja de estampado imposible que tengo en el salón. Para ello, cubrí la parte superior —la más fea— con una tela lisa y puse un cojín estampado para desviar la atención. La tela del cojín es un suvenir que me trajo mi hermana de un viaje a Portugal y, además de ser maravillosa, combina a la perfección con la tela que cubre el sofá.


Y eso es lo que os quiero enseñar hoy: cómo hacer una funda de cojín sencillísima y super cómoda a la hora de lavarla.

Mi cojín es en realidad una almohada de IKEA (Rosenstjärna), pero este tutorial os servirá para cualquier tamaño de cojín. Únicamente tenéis que medir el cojín y cortar las telas añadiendo 6 centímetros al ancho y otros 6 centímetros al largo. La parte delantera es una sola pieza, pero la trasera son dos piezas que permiten introducir y extraer el cojín sin necesidad de cierres incómodos.

En este caso, como la almohada mide 50x60, las piezas de tela que necesité son las siguientes:
- 1 rectángulo horizontal de 58x68
- 1 rectángulo vertical de 58x35
- 1 rectángulo vertical de 58x55

Una vez que tenemos cortadas las piezas, lo primero que haremos será rematar uno de los lados largos en cada una de las piezas de la parte trasera. Estos lados son los que formarán la abertura por la que meteremos y sacaremos el cojín.


Para empezar a coser tenemos que enfrentar los reveses de las telas. Primero colocamos sobre la mesa la tela delantera y, sobre ella, situamos las dos piezas traseras, de manera que una se monte sobre la otra para que juntas tengan el mismo tamaño que la pieza delantera. Cosemos alrededor, a 1 centímetro del borde.


Damos la vuelta a la funda, quedando derecho con derecho, y volvemos a coser alrededor, esta vez a 2 centímetros del borde. Esto de coser por el derecho y luego repetir la misma costura por el revés se conoce como costura francesa y es genial para conseguir un buen acabado sin necesidad de tener remalladora. Perdemos un poquito más de tela en el proceso, pero merece la pena.

Volvemos a dar la vuelta y, ahora sí, ¡ya tenemos lista nuestra funda!

Reconozco que soy bastante maniática con el tema de lavar los textiles de la casa a menudo: fundas nórdicas, cortinas, manteles, alfombras, etc. Me gusta que las cosas huelan a fresquito, no lo puedo evitar. Como os he dicho, esta funda es perfecta para eso.


Y así es cómo se ve el sofá ahora mismo. Estaréis pensando ¿En serio era peor el antes? porque, no nos vamos a engañar, esas paredes amarillas se matan con el rosa fuerte. Pero os juro que sí: era mucho peor.


Espero que el tutorial os resulte útil. Si no me he explicado bien en algún punto o tenéis dudas en algún paso, podéis escribirme. Lo cierto es que nunca había hecho una funda de cojín, pero es tan ridículamente fácil que me estoy planteando hacer un montón de fundas para mis almohadas usando telas de colores lisos que combinen con los estampados de las fundas nórdicas que tengo.

¿Mola o no mola mi cojín de cactus? ¿Creéis que me obsesionaré y empezaré a hacer fundas como una loca?

15 de octubre de 2018

RECETA | Caldo vegetal


Os he preguntado por Instagram si queríais que compartiera la receta de mi caldo vegetal y habéis sido unos cuantos los que me habéis contestado que sí, ¡así que aquí la tenéis! Me hace mucha ilusión que os interese, porque no miento si digo que llevaba meses deseando que llegara un mínimo golpe de frío para poder volver a preparar platos como este.

A mí no se me da nada bien cocinar, pero considero que este caldo me sale muy rico. Lo que más me gusta es que no lleva nadita de carne, que personalmente es algo que odio en la mayoría de platos de este estilo. Si ya de por sí son deliciosos, ¿por qué añadir ese regusto chungo que deja la carne?

Los ingredientes son lo más básico del mundo y podéis ir variando las proporciones en función de lo que tengáis en casa, sin que cambie en exceso el sabor. Esta vez he utilizado estas cantidades:
- 3 patatas pequeñas
- 2 zanahorias
- 1 cebolla
- 3 puerros
- 1 bolsa de espinacas (aprox. 300 g) (A menudo uso acelgas en lugar de espinacas)
- 1 bote de alubias blancas (aprox. 500 g)
- aceite de oliva, sal, laurel


La preparación también es muy sencilla, porque es de estas recetas que van a ojo. No te va a salir mejor o peor por dejarlo diez minutos más o menos al fuego. En cualquier caso, yo siempre prefiero pasarme, porque me gusta cuando algún pedazo de patata se ablanda tanto que se rompe y engorda un poquito el caldo.

¡Vamos allá!

En una olla echamos unos 5 litros de agua, un chorro de aceite y un poco de sal. Ponemos al fuego y esperamos a que hierva.


Mientras tanto, vamos preparando los ingredientes. Por un lado, lavamos y cortamos (en trozos más bien pequeños) la patata, la zanahoria, la cebolla y los puerros. Por otro, aclaramos y escurrimos las alubias.


Cuando el agua empiece a hervir, echamos todos los ingredientes que hemos troceado. Tapamos la olla y dejamos que se cocinen a fuego medio durante unos 20 o 30 minutos (hasta que la zanahoria y la patata empiecen a estar blanditas).


Transcurrido ese tiempo, añadimos las espinacas y dejamos que se ablanden un poco, durante unos 5 minutos.

Agregamos las alubias, dos o tres hojas de laurel y otro poco de sal. Bajamos el fuego al mínimo, tapamos la olla y dejamos que se cocine durante unos 30 minutos.


¡Y ya está!


¿Verdad que no puede ser más fácil? No hay ni un sólo punto complicado en el que la podamos fastidiar.


Por si os lo preguntáis, el laurel no lo retiro en ningún momento, a menos que me toque en el plato cuando me sirvo. De esta manera, sigue dándole sabor al caldo y cada día que pasa en la olla está todavía más sabroso. Porque sí, 5 litros de caldo para mí sola es una burrada, pero también es la excusa perfecta para poder comerlo un día y otro y otro... ¡Y que cada día que pasa esté mejor!

Si buscáis un sabor más intenso, podéis echarle una pastilla de caldo de verduras cuando pongáis el agua a hervir. Yo prefiero hacerlo lo más natural posible, pero reconozco que a veces se la echo.

Ahora sólo tengo que aprender a usar alubias que no sean de bote, que todavía no me he atrevido nunca a poner legumbres en remojo. ¿Es muy complicado? ¿Algún consejo?

11 de octubre de 2018

Notitas de amor en la calle

Uno de mis propósitos para el año 2017 era hacer algo bonito por personas desconocidas. Sería genial poder organizar algo grande de verdad, cosa que no está en mis manos ahora mismo, pero creo de verdad que con pequeños gestos se pueden conseguir grandes cosas. Así que me decidí por hacer algo parecido a lo que ya había hecho un par de años antes en mi pueblo.

Desde el año pasado, de vez en cuando dejo en la calle notitas de amor: cursiladas varias que escribo con la intención de alegrar el día, motivar o, simplemente, hacer pensar a quien las lea. Escribo en un papelito blanco y lo pego en la calle con un poco de washi tape. No tengo fotos de todas las notitas que he dejado, pero aquí tenéis algunas de ellas.

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La mayoría de estas notas las he dejado en Coruña, pero otras las he dejado en otras ciudades e incluso en el tren, como la segunda foto que os he enseñado. Suelo compartirlas en Instagram, con el hashtag #PBLoveBomb.

¿Hacéis estas cosas ridículas que hago yo? ¿Alguna vez habéis dejado notitas de amor por ahí?
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