18 de noviembre de 2019

DIY | Cuelgaláminas imantado


Una cosa que me pasa es que acumulo láminas preciosas que jamás llego a colgar, porque no soy muy amiga de los marcos y me da mucha pena estropearlas con washi tape o cualquier otro adhesivo. Pero el otro día se me encendió la bombilla. Hace unas semanas compré cinta adhesiva magnética con la idea de hacer imanes para la nevera. La nevera sigue esperando, pero al ver la cinta sobre la mesa del taller, junto a unos palos de madera que tengo siempre en un bote, se me ocurrió el diy que os muestro hoy: un cuelgaláminas imantado.

Los materiales son tan básicos como estos: palos planos de madera, cinta magnética, cordel y unas tijeras.

Por cierto, la lámina es en realidad una página del segundo número de Kireei Magazine. Se llama Flooded Abbey Road y es obra de David Pintor.


Este proyecto se hace en cinco minutos, siempre y cuando comprobemos antes cómo se atraen los trocitos de imán. Os lo explico más abajo con fotos. Lo primero que haremos será colocar el cordel en uno de los palitos, atándolo sobre cada uno de los extremos. Podemos darle el largo que queramos.


El tema de los trocitos de imán es que, cuando se atraen, lo hacen desviándose un poco cada uno en un sentido diferente. Es por esto que no coloqué los imanes a la par en todos los palitos, sino que en dos de los palos los situé movidos hacia un lado. Creo que no habéis entendido nada, pero si lo hacéis ya os daréis cuenta de lo que digo y veréis que solucionarlo es sencillo.


¡Ya ya lo tendríamos listo! Para ponerlo en uso, sólo tenemos que hacer un sándwich con los palos en los extremos superior e inferior de la lámina.


Me habría gustado encontrar palitos más anchos, pero en general me gusta un montón el resultado. Es cierto que los imanes no tienen muchísima fuerza, pero como una lámina no es algo que se esté toqueteando continuamente, aguanta sin problemas.

Para la foto lo colgué en un gancho que tengo en la pared del salón, porque había más luz. En realidad está colocado en la pared del taller, pegado con un poco de washi tape, ¡y es que no pesa nada!

¿Qué me decís? ¿Os gusta? ¿Qué otras opciones conocéis para colgar láminas sin estropearlas?

23 de octubre de 2019

Mi buzón en los últimos meses

No sé si es porque llevaba demasiado tiempo sin enseñaros mi incoming mail o porque simplemente se han acordado mucho de mí durante los últimos meses, ¡pero tengo un montón de cartas que enseñaros! He recibido correo proveniente tanto desde España como desde otros países: Alemania y Suiza. En sus envíos, mis amigos por correspondencia me han mandado todo tipo de detalles, desde papeles bonitos hasta dibujos hechos por ellos mismos, pasando por billetes extranjeros, ¡incluso recibí una tableta de chocolate!


Casi todas esas cartas las tuve sin contestar hasta hace poco, ¡soy un desastre! Menos mal que ya me he estado poniendo un poco al día y ya sólo tengo dos pendientes de respuesta.

¿Cómo lleváis vosotros el tema de contestar el correo? ¿No os pasa que en esta época del año os apetece más sentaros al escritorio para poneros al día con la correspondencia, como una señora victoriana?

17 de octubre de 2019

Mi primera experiencia viajando sola


Siempre me ha flipado la gente que viaja sola. Cogen su mochila y se lanzan a ver mundo. Y aunque yo no me veo viajando sola a según qué sitios y en qué circunstancias, sí que llevaba unos años pensando que no tengo que dejar de viajar sólo porque no tengo con quién hacerlo. Esto acaba de sonar muy triste, pero en realidad es tan simple como que no cuento con mucha libertad a la hora de escoger las fechas de vacaciones en mi trabajo y es complicado cuadrar agendas con amigos y familiares.

El caso es que llevaba unos años con el runrún en la cabeza. Quería viajar sola, pero por algún motivo no me atrevía. ¿Y si me pasa algo? ¿Y si pierdo un enlace y me quedo tirada en otro país? ¿Y si no soy capaz de defenderme en una ciudad desconocida? ¿Y si me da palo entrar sola en los sitios que visite?

Pero cada vez más me voy dando cuenta de que no me defiendo nada mal a la hora de resolver pequeños conflictos, sin ayuda de nadie. Así que empecé a plantearme en serio lo de hacer un viaje en solitario. Llegó marzo y supe que tendría vacaciones a finales de agosto. Tenía tiempo de sobra para planear algo, ¡y me puse con ello!

La máxima que seguí fue minimizar las circunstancias que, por algún motivo, me generaban rechazo. ¿Viajar al extranjero? Mejor elijo un destino nacional, por evitar el choque cultural y el tema de los idiomas. ¿Coger aviones? Me flipa volar, pero no entiendo los aeropuertos, así que voy a decantarme por el autobús. ¿Y el equipaje? Mejor voy con lo justo para poder llevarlo siempre encima en los trayectos.

En base a esto, el destino debía ser algún lugar de la España peninsular al que pudiera acceder en bus. Y entonces me acordé de Granada, que es una ciudad que tenía ganas de conocer desde hacía años. No me lo pensé dos veces y pagué el hotel, pagué los billetes de autobús... ¡Incluso compré alguna entrada a monumentos de la ciudad! Lo bueno que tiene preparar los viajes con tiempo es que, además de poder planearlo todo con más calma, hay ofertas interesantes.

En cuanto al equipaje, llevé dos mochilas: una a modo de maleta y otra más pequeña para el día a día. Estuve una semana fuera de casa, pero llevé ropa sólo para tres días. A mitad de semana fui a una lavandería y ya tenía otra vez todo limpio, ¡incluso la mochila! Esta idea se me ocurrió casi a última hora, cuando estaba pensando qué llevar en la maleta, y creo que lo voy a hacer en todos mis viajes.

La experiencia, en general, fue genial. Me pasaron cosas como que, a causa de un accidente en la carretera, el autobús en el que viajaba llegó tarde a Madrid y perdí el autobús que me llevaría a Granada. Y una cosa os digo: ojalá todas las cosas malas que me pasen en la vida sean esto. Me cambiaron el billete y cero dramas. Disfruté un montón de los trayectos y de mis días allí, y por supuesto no me pasó nada realmente malo.

Si estáis en la misma situación que yo hace un tiempo (os apetece viajar solos, pero no os atrevéis), no puedo más que animaros a que deis el paso. Sólo tenéis que intentar reducir al mínimo eso que os está frenando, para que todo sea lo menos hostil posible.

¿Alguna vez habéis viajado solos? ¿Os gusta o preferís viajar acompañados? ¿Qué lugar me recomendáis como próximo destino para un viaje en solitario?

Si queréis saber más sobre mi viaje a Granada, podéis leer este post que publiqué hace un par de semanas.
Blogging tips