27 de marzo de 2015

Tres pelis que me han gustado

Probablemente os esperan unos días de descanso, con más tiempo libre de lo normal, así que me ha parecido buena idea recomendaros algunas películas que he visto recientemente y me han dejado muy buen sabor de boca.


La primera es Cómo acabar con tu jefe, de Seth Gordon. Tres amigos están hartos de sus jefes —un psicópata, una ninfómana y un cretino—, por lo que urden un plan para deshacerse de ellos y, claro, no paran de meter la pata. Es una de esas comedias de las que no se espera gran cosa, pero que sorprendentemente resultan ser graciosísimas. Es mi peli de cabecera para los días de bajón, no os digo más. Tiene segunda parte, pero para mi gusto es pésima.

La segunda es Descifrando Enigma, de Morten Tyldum. Basada en hechos reales, muestra el trabajo que Alan Turing y su equipo realizaron para conseguir descifrar el código de Enigma, la máquina utilizada por las fuerzas militares alemanas durante la Segunda Guerra Mundial en sus comunicaciones. A pesar del triste final, me ha parecido muy chula.

La tercera es La voz dormida, de Benito Zambrano. Es una adaptación de una novela de Dulce Chacón y está ambientada en la posguerra española, centrándose especialmente en cómo vivieron las mujeres la represión franquista. Es exactamente el tipo de película que tiene todas las papeletas para no gustarme, por varios motivos, pero lo cierto es que me ha parecido increíble. Toda la peli soltando lagrimones como puños, eso sí, así que si vais a verla preparad los pañuelos.

¿Las conocíais? ¿Qué os parecen? ¿Habéis visto algún estreno últimamente que merezca la pena?

25 de marzo de 2015

Por qué Petite Blasa


Una chica me preguntó hace unos meses por qué mi blog se llama Petite Blasa. Entonces me di cuenta de que nunca lo había contado ―o eso creo― y pensé que podría escribir un post hablando sobre el tema. No es una historia apasionante, pero lo cierto es que a mí me encantaría saber por qué los blogs que sigo se llaman como se llaman, así que puede que a vosotros también os pique la curiosidad :)

Hace unos años, cuando todavía estudiaba en el instituto, me gustaba jugar en Facebook a un juego muy ridículo que se llamaba Pet Society. Desconozco si sigue existiendo, pero en cualquier caso seguro que sabéis de qué tipo de juego hablo: uno de esos en los que creas una mascotita, le das de comer, la vistes, le montas una casa... Me gustaba el rollo, no os voy a mentir. Era tan vergonzoso como adictivo. Mi mascota, que nunca supe qué animal era aunque a mí me gustaba creer que era una perrita, se llamaba Blasa. Blasa era monísima, para comérsela, y cuando hablaba del juego con mis amigas ―durante una época estuvimos todas patéticamente enganchadas― me refería a ella como Blasita.

Un tiempo más tarde empecé a hacer complementos y, aunque no era el intento de marca más profesional del mundo, me apetecía que mi pequeño proyecto tuviese un nombre. Entonces me acordé de Blasita. El mote, a secas, me parecía demasiado breve, así que empecé a barajar otras posibilidades.

A ver, cómo puedo decir lo mismo en dos palabras... Pequeña Blasa; no, la Ñ es un incordio para las direcciones web y los teclados extranjeros. Little Blasa; paso, lo de poner nombres en inglés está muy visto. Pues vamos bien, porque no conozco muchos más idiomas. Toca desempolvar el francés... ¿Petit Blasa? ¿Petite Blasa? Vale, me confirman que lleva E. ¡Pues Petite Blasa entonces!

No recuerdo cuánto duró el proceso, pero supongo que pocas horas. Dicen que el nombre de una marca es esencial, y no lo dudo, pero a mí suele importarme más lo que hay tras lo que las cosas parecen. Simplemente opté por lo que me pareció mejor en aquel momento, con sólo 20 años y toda la inocencia del mundo.

Más de cuatro años después, en los que he ido conociendo otros blogs con nombres parecidos y apenas me acuerdo ya de Blasita, sigue gustándome el nombre que escogí. No sé si es el que habría elegido ahora, pero lo cierto es que no me he aburrido de él ni ha dejado de gustarme.

Ahora contadme vosotros... ¿Jugabais a Pet Society? ¿Cómo era vuestra mascota? ¿Cuál es la historia tras el nombre de vuestro blog? Espero que haya más anécdotas vergonzosas por ahí :)

23 de marzo de 2015

Kit para sobrevivir al cuarto de siglo


Mis amigas y yo nos hacemos viejas. Eso es así. Pero como no todo va a ser lamentarse, con la superioridad moral que me confiere estar todavía en los tiernos veinticuatro, decidí preparar un regalo de cumpleaños especial para una amiga que acaba de cumplir el cuarto de siglo... ¡Guau!

Los regalos eran básicamente tres: una pastilla de jabón, una caja de té ―ambos de Olivia― y el libro Eleanor & Park de Rainbow Rowell.


Además, incluí algunas tonterías para completar el kit. La primera, unas tarjetitas que diseñé en el ordenador, y más tarde imprimí y recorté, en las que le daba a mi amiga veinticinco razones para celebrar los 25 años.


Hice también una coronita utilizando una diadema metálica y foami con purpurina, ambos en tonos dorados. He preparado una plantilla un tanto rudimentaria, con paso a paso incluido, que podéis decargar haciendo clic aquí. Para mejorar el acabado, hice algunos ajustes a base de tijeretazo y pinté los cantos ―que eran amarillos, porque en esa zona el foami no tiene purpurina― con pintura de látex vinílico de color carne. Es super fácil de hacer y queda graciosísima.


Incluí, por supuesto, unos globitos.


Y, por último, una tarjeta de cumpleaños de mi tienda para snail mail.


Mi idea inicial, que en mi cabeza se veía preciosa, era meterlo todo en una caja de color kraft decorada con mensajes, utilizando cartulina en los colores que usé para las flores de las tarjetas que os he enseñado más arriba: rosa claro y verde menta. Pero pasa que encontrar una caja de cartón kraft es más difícil de lo que puede parecer, así que tuve que modificar el plan en el último momento y el resultado no es ni remotamente parecido a lo que yo tenía en mente.

Total, que la caja más decente que encontré fue una de fondo blanco y detalles rojos. Amoldándome a ella, utilicé washi tape y papeles en esos tonos. Envolví cada regalo individualmente con papel de seda y le até a cada uno de ellos una tarjetita con un mensaje cursi, como si cada mensaje fuese una de las instrucciones del kit.

El jabón, para limpiar los malos recuerdos; el té, para saborear la vida; el libro, para esperar los 30 con calma; las razones, para que no se te olvide; la corona, para ser la princesa de tu cuento; los globos, para que la vida sea una fiesta.

Con un poco de washi tape, coloqué la tarjeta de cumpleaños, dentro de su sobre, en la parte interior de la tapa de la caja y decoré la parte exterior con el nombre del kit. La idea es poder retirar ambas cosas, que sólo están sujetas con washi tape, y utilizar la caja para cualquier otra cosa.


Obviando la metedura de pata de la caja y los colores que finalmente tuve que utilizar, ¿qué os parece la idea? ¿Alguna vez habéis preparado un kit parecido a este? ¿Cómo sobrevivisteis vosotros al cuarto de siglo, si es que ya lo habéis pasado? :)

Aquí tenéis más ideas para envolver regalos.
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