19 de junio de 2017

LIBRO | Etta and Otto and Russell and James


Hacía mucho que no os recomendaba un libro, pero ya os adelanté en Instagram que me estaba gustando mucho el que leí hace unos días y, por eso, os voy a hablar hoy de él.

Hace unos meses decidí empezar a leer libros en inglés, en parte para practicar el idioma y en parte porque me parece un privilegio poder disfrutar de un texto en su lengua original, tal y como el autor lo escribió. Mi nivel de inglés es normal, nada loco: llevo ocho años sin estudiarlo como tal, desde el instituto, manteniéndolo fresco únicamente con correspondencia, blogs, música, etc. Me defiendo, pero no me atrevo a decir que tenga un nivel alto. Es por esto que no me animo todavía con lecturas densas, pero sí con algunos libros ligeros que descubro gracias a recomendaciones que veo en otros blogs.

Así fue cómo decidí leer Etta and Otto and Russell and James, de Emma Hooper. El título, la portada, la editorial... todo me hacía intuir que se trataba de un libro encantador, y no me equivoqué. Etta es una señora de 82 años que nunca ha visto el mar, así que decide echar a caminar una mañana, en solitario, en busca de agua salada. A mí este punto de partida ya me flipa, porque las señoras son la cosa más grande de la tierra. Además, a lo largo del libro vamos conociendo poco a poco a los personajes, desde que eran niños, y cómo llegaron a conocerse. Una de las cosas que más me gustó es que, siendo jóvenes, los dos protagonistas —Etta y Otto, marido y mujer— estuvieron separados durante un tiempo y se comunicaban por carta, ¡con lo que me gusta a mí la correspondencia tradicional! También me gustó la manera tan curiosa en la que está escrito, prescindiendo de guiones de diálogo, pero sin resultar molesto ni confuso. El final es lo más flojo, muy raro, pero igualmente merece la pena el resto del libro.

A continuación os dejo una carta que le escribe Otto a Etta mientras ella está lejos, caminando, para conocer el mar.

Dear Etta,
We have good days and bad days. You told me, once, to just remember to breathe. As long as you can do that, you're doing something Good, you said.
Geting rid of the old and letting in the new. And, therefore, moving forward. Making progress. That's all you have to do to move forward, sometimes, you said, just breathe. So don't worry, Etta, if nothing else, I am still breathing.
You must be almost there, must be close. I hope you are. I hope you're seeing everything.
I am just writing to tell you: I am here, don't worry. I am here, breathing, waiting.
Otto.


Si os apetece una lectura ligera y tierna, creo que esta puede ser una buena elección. Si os decidís, ya me contaréis.

¿Qué otros libros en inglés me recomendáis, de acuerdo a mi nivel?

Por cierto, no acostumbro conservar los libros que leo, así que suelo ofrecerlos para intercambiar en Bookmooch (os hablé de esta web aquí, ¡es interesante!). Si os apetece leerlo, echadle un vistazo a mi inventario, que igual todavía no lo ha pedido nadie.

12 de junio de 2017

Cómo decorar cartas | 20

Que me está costando llevar el correo postal al día ya lo sabéis, porque os lo he contado. Lo que no sé es si os habéis dado cuenta de que últimamente mis cartas son especialmente sosas. Tanto, que incluso he pasado de enseñaros alguna. Me pasa que no sé qué cosas chulis incluir en los sobres, parece que me he quedado sin imaginación. ¡Echadme una mano!

En la carta que os enseño hoy no he utilizado el papel más bonito sobre el que escribir, pero he llegado a tal punto acumulando libretas que, si no quiero morir enterrada bajo ellas, tengo que empezar a gastarlas. Tengo en mente publicar un post dándoos ideas para gastar todas esas libretas que tenéis sin estrenar (sé que sois de las mías, no disimuléis), pero os adelanto que una de las ideas es utilizarlas para responder cartas. Resulta especialmente cómodo cuando se trata de un cuaderno que permite arrancar las hojas con facilidad, como en este caso.


De mi último viaje a Praga me traje unas cuantas postales, que iré incluyendo en las cartas que vaya respondiendo durante los próximos meses. Añadí también esa otra tarjetita que veis en la foto, porque me pareció que combinaba a la perfección.



Para decorar el sobre no pude resistirme a utilizar este papel que tenía en casa, estilo vintage, que además le pega totalmente a estos sobres kraft que utilizo. Por supuesto, no podían faltar mis ya míticos dibujitos sobre papel blanco.




¡Y esto es todo por hoy! Espero haberos dado alguna idea. ¿Qué consejos me dais para volver a encontrar la inspiración a la hora de decorar cartas?

5 de junio de 2017

VIAJE | Praga (II)

El mes pasado estuve durante una semana en Praga, una ciudad tranquila y preciosa, llena de edificios que parecen sacados de una película de Wes Anderson y que llevaba cinco años deseando volver a ver.

Como ya conocíamos la ciudad y sabíamos que se puede abarcar perfectamente en sólo unos días, decidimos no darnos ningún tipo de prisa y disfrutarla con toda la pachorra del mundo, que para eso estábamos de vacaciones.

Relacionado con esto me pasa que cada vez más me apetece sentirme menos turista y más persona del lugar, no sé si sabéis de qué hablo. Tanto es así, que a este viaje ni siquiera llevé cámara de fotos, menos aún teniendo en cuenta que conservo las del viaje anterior.

A Praga llegamos en avión y al aeropuerto nos fue a recoger un taxi de Prague Airport Transfers que habíamos contratado desde España y que en unos 30 minutos nos dejó en el lugar donde nos alojábamos. Elegimos un apartamento de Bohemia Apartments en la calle Vladislavova, frente al centro comercial Quadrio donde hay, entre otras cosas, cafeterías, un par de supermercados (Billa y My) y una parada de metro.

El primer día fue una toma de contacto. Paseamos muchísimo y comimos en el Botel Matylda, flotando sobre el Moldava, por hacer algo un poco diferente.

No fue hasta el segundo día cuando cruzamos al otro lado del río para empaparnos de la tranquilidad que se respira en Kampa. Visitamos la librería Shakespeare, llena de libros nuevos y de segunda mano en varios idiomas, en la que merece la pena perderse durante un buen rato. También subimos al monte Petrin en funicular y bajamos caminando.


Hicimos una excursión en tren hasta Kutná Hora, una ciudad a unos 80 kilómetros de Praga, que nada más llegar parecía bastante meh, pero que definitivamente mereció la pena visitar.


Dedicamos día y medio al barrio judío, a sus edificios impecables y sus sinagogas preciosas; la española se mea en todas las demás, por cierto. Comimos kosher y paseamos entre escaparates de tiendas en las que jamás podré comprarme nada.



También dedicamos un día y medio al castillo, que es en realidad un conjunto de edificaciones recogidas en un recinto de más de medio kilómetro de largo. Merece la pena subir hasta allí caminando al menos una vez, pero también se puede acceder cogiendo la línea 22 del tram. Visitamos varios de sus edificios, presenciamos un cambio de guardia, paseamos por sus jardines, flipamos con las vistas, recorrimos la Golden Lane y comimos en U Labutí, un restaurante que os recomiendo mucho.


Para el último día no teníamos nada planeado, sólo empezar a sentir la pena de tener que dejar Praga otra vez y disfrutar de pequeños placeres como un helado de fresa recién hecho en el Cafe No. 3, un local tan pequeño como encantador.

Como Praga es una ciudad pateable, casi cada día nos acercábamos a la zona vieja a visitar el reloj astronómico y pasear por sus callejuelas plagadas de tiendas de souvenirs (para esto os recomiendo las tiendas Dárky Gifts, llenas de productos de Fun Explosive). También nos dejamos caer varias veces por Wenceslas Square, que tiene mogollón de ambiente.


Como consejos, os puedo decir un par de cosas. Lo más importante y que me habría encantado saber la primera vez que fui es que casi toda la ciudad está adoquinada, así que llevad calzado cómodo de suela gruesa. Si vais en primavera o verano, no olvidéis utilizar protector solar, que allí el sol pega fuerte. A la hora de gastar, no os reprimáis, porque es una ciudad nada cara y no os van a dar el sablazo en ningún sitio. Ah, y como curiosidad, no contéis con que en los establecimientos os atiendan con desparpajo y alegría, porque son gente más bien seca.

Si queréis saber alguna otra cosa, podéis dejar vuestras preguntas en los comentarios o escribirme un correo electrónico.

¿Conocéis Praga? ¿Tiene algún rincón secreto que todavía no conozco? ¿Qué destino me recomendáis para mi próximo viaje?
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