23 de abril de 2014

Cómo evitar a los servicios sociales


Siempre he sido muy ordenada. Supongo que en parte es porque mi madre me enseñó, desde que era bien pequeña, que después de jugar tenía que dejar los juguetes recogidos. Y así lo hacía. Durante toda mi vida he tenido una habitación de esas que no da vergüenza enseñar si de repente aparecen visitas en casa: la ropa bien doblada dentro del armario, los zapatos bien colocados dentro del zapatero, los libros bien ordenados en la estantería, el nórdico sin un solo bultito y nada de alfombras arrugadas. Y si todo eso lo podía hacer siguiendo el círculo cromático o el orden alfabético, mejor que mejor. Dijo la maníaca.

Pero lo cierto es que desde que creé Petite Blasa la cosa ha cambiado para peor. Mi cuarto es muy pequeño y no tengo espacio suficiente para habilitar un rincón a modo de taller, así que voy guardando los cachivaches en cajas, que amontono unas sobre otras. Incluso llego a guardar basura, porque hasta en una huevera de cartón veo posibilidades. ¡Qué os voy a contar que no sepáis! A veces me imagino dentro de diez años, entre una montaña de cajas de fresas y otra de tarros de mermelada, dando saltos mientras agito los brazos y grito "¡No puedo parar de crear, no puedo parar de crear!". No es que haya estado los tres últimos años durmiendo en una cochiquera, pero empezaba a darme vergüencilla que la gente viese cómo tenía mi pequeño reino.

Con los cambios de estación me entra la locura por la limpieza y se me da por hacer cosas como desmontar el ordenador para limpiarlo meticulosamente por dentro o recorrer la casa con una bolsa de basura en la mano mientras meto en ella todos los productos caducados que encuentro. Esta primavera no iba a ser menos, así que, animada por el reto "Organiza tu casa en 21 días" de las chicas de Labores en red, por fin he puesto orden a este caos.

Ahora que he hecho limpieza en mi cuarto y está para que vengan del Hola a hacerme una entrevista mientras bebo té y engullo cookies como una gorrina, voy a contaros cómo me las he arreglado para conseguirlo.

Paso 1 - Cortar por lo sano

De vez en cuando experimento momentos de lucidez en los que me digo a mí misma que no tengo necesidad ninguna de acabar viviendo en un contenedor de escombros y que esos vaqueros que hace doce kilos me hacían un culo de infarto ya no son para mí, así que cuando me siento valiente y con ganas de dejar el pasado atrás me deshago de todos los objetos que no tienen cabida en mi cuarto. Identificarlos es tan sencillo como preguntarme si se les puede aplicar alguna, o varias, de las siguientes etiquetas:

Para tirar - Agarro una bolsa y meto en ella la basura que he ido acumulando y las cosas que están rotas o inservibles. En esta ocasión: cajas que jamás había llegado a reciclar, zapatos que estaban a dos días de perder la suela, una mochila con el forro rotísimo, disquetes de hace siglos, maquillaje pasadísimo de fecha, cuadernos de notas en sucio a los que ya no les quedaban hojas en blanco...

Para donar - En una esquina coloco mi nostalgia y todas las cosas que a mí no me sirven para nada pero que pueden ser útiles para mis amigos, mi familia o unos desconocidos. En esta ocasión: juguetes, música que ya no escuchaba, ropa que ya no me servía, un par de colonias que nunca me habían gustado, complementos de mi adolescencia semi choni...

Para devolver - Aunque no suelo pedir cosas prestadas, una limpieza general es un buen momento para revisar si tengo algo que no es mío. En esta ocasión: un libro de una amiga y unas revistas de patrones de mi tía.

Paso 2 - Dar cera, pulir cera

Una vez que estoy segura de que quiero que todo lo que está en mi cuarto siga estando en él, es el momento de quitar todo de su sitio para limpiar los muebles y las cosas que hay en ellos. En esta fase no ordeno; simplemente limpio el polvo, las pelusas y algún que otro enanillo que haya podido criar detrás de los muebles.

No es tan horrible como parece, sobre todo con música bailable de fondo y el cuerpo jotero. Yo suelo dividir mi habitación en tres sectores: la zona de la ropa, la zona de las manualidades y la zona del estudio. De esta manera, para que se me haga más llevadero, las voy adecentando una por una.

Paso 3 - Orden en la sala

Con todo limpio, ya sólo me queda colocar cada cosa en su sitio, que puede ser el que tenía antes o uno nuevo. Es una de mis partes favoritas, porque aprovecho cada lavado de cara que le doy a mi cuarto para cambiar alguna que otra cosa de lugar, dándole un aire renovado. ¡Es la versión cutre de redecorar la casa que gastamos los pobres!

Para mí, lo más importante a la hora de ordenar es hacerlo con cabeza y pensando siempre en la comodidad. Así, intento colocar a mano las cosas que utilizo a menudo, reservando los rincones más inaccesibles para los cachivaches a los que no les doy mucho uso.

Como en el paso anterior, ordeno la habitación por sectores. De hecho, lo habitual es que para cada zona aplique los pasos 2 y 3 simultáneamente, y luego me pase a la zona siguiente.

¡Ah, que se me olvidaba! Siempre que cojo algo, cuando termino de usarlo lo devuelvo a su lugar. Esto me ahorra muchos "Buf, tengo que ordenar la habitación".

¡Y creo que esto es todo lo que hago cuando ordeno mi cuarto! Bueno, esto y disfrutar del proceso como una loca de la colina. Tendríais que verme, vestida con mi mejor chándal y entusiasmadísima, como si ordenar fuese el planazo del siglo y el resto del mundo no supiese nada sobre disfrutar la vida y aprovechar la juventud.

No hace falta que os diga que estos pasos se pueden aplicar a cualquier parte de la casa: salón, cocina, cuarto de baño... qué gozada, de verdad os lo digo.

¿Sois ordenados? ¿Tenéis un cuarto de revista o es más bien un cuarto de vergüenza ajena? ¿Seguís algún ritual a la hora de hacer limpieza en casa?

8 comentarios:

  1. Yo me declaro desordenada hasta la médula. Cuando decido ordenar mi habitación, suele pasar como una semana para que la habitación este intacta, ya después queda desastrosa otra vez, hasta que algún día me canse y vuelva a empezar jajaja
    ¡Ojalá pudiera ser tan ordenada como tú! Pero este año me propuse ser un poquito más, que siempre tengo amontonada la ropa en la silla del escritorio jajaja
    Muy buen post, Tania :)
    ¡Espero que pases un feliz día guapa!

    ¡Un besito!

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  2. Suelo ser bastante ordenada, pero el estudio es caótico: libros, material craft, el tendedero, la ropa por planchar, una caja llena de cápsulas de café, otra de papel y cartón, el cesto de lanas, la zona de estudio con apuntes,... y la mesa, miedo me da meterle mano.
    Ahora, la cocina la tengo como una patena, que me dio el arrebato ayer y la dejé como un espejo.
    Besos!!!

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  3. Mis amigas piensan que estoy loca, pero minimo1 vez por mes, hago "redecoración pobre", aunque luego se sorprenden con lo distinto del resultado. Durante el proceso elimino todo lo que no sirve, o lo que realmente no usare. La clave esta en limitar los espacios, si quiero poner algo nuevo en dicho espacio, algo viejo o no sin uso se debe ir.

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  4. me ha encantado el post y la propuesta, se te ha olvidado decir que la madre de todos los vicios es la pereza o como en mi caso, la terrible manía de posponer todo lo que puedo lo inevitable, porque por desgracia no existen duendes, ni hadas del orden.
    Lo que llevo peor? ordenar documentación, papeles, archivar, lo odio, juro que lo odio. Aunque me siento superfeliz cuando limpio.

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  5. Uffff.. Yo tengo temporadas. Unas veces soy la más ordenada del mundo y otras veces, mi puerta está cerrada para que nadie que pase la vea, imagínate... ¡una leonera!
    Eso si, soy de las que usa la silla de perchero. jajajajaja
    Debería aplicarme el reto en estos momentos jajaja

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  6. Ains, vente "pa" mi casa anda ... y te dejo un par de habitaciones para momento limpieza ;)
    un abrazo y gracias por seguir el reto y sobre todo por compartir tu experiencia,
    Siona

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  7. Hacer limpieza a lo grande, es una de mis rutinas cuando siento que la vida se me escapa de las manos, tirar, pulir, ordenar, me ofrecer la tranquilidad necesaria para tomar grandes decisiones, es un proceso en el que me "capuzo" al menos una vez al año, mientras peleo con mi desidia y la calma que me proporciona tener todo en su sitio.

    un saludo

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  8. Ahora mismo me encuentro en este proceso con el segundo dormitorio de mi casa, que lo utilizo de estudio, para el ordenador etc... y de trastero. De vez en cuando me cogen estos arranques y me pongo a tirar, limpiar a fondo y reordenar! Ayer fui fuerte y puse en la caja de donar un reproductor de CD portátil que hace siglos que no uso. Hace un par de años me compré un Ipod, y claro, frente a lo practico de este juguetito, no creo que ese reproductor lo vuelva a usar jamás... No es tarea fácil deshacerse de las cosas, esa es la verdad. Aunque no las use, me pongo a recordar lo mucho que deseé comprarlo, o lo mucho que lo disfruté en su momento y se me hace taaaan duro... es que soy una sentimental, jejeje

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